
Estamos oficialmente en la temporada de huracanes. Aunque a menudo puede comenzar antes y prolongarse después, del 1 de junio al 30 de noviembre es la "temporada de huracanes", según la definición de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos. Cuando se espera que un huracán inminente toque tierra, los días previos pueden ser caóticos, ya que quienes pueden verse afectados se apresuran a proteger sus viviendas y negocios en la medida de lo posible.
Se aseguran las pertenencias, se tapian ventanas y puertas para combatir los fuertes vientos, y se colocan sacos de arena como barreras contra la inminente entrada masiva de agua. La preparación es claramente el objetivo para obtener el mejor resultado posible en un momento difícil.
Cuando amaina la tormenta, empieza el proceso de recuperación. Pero la planificación de la recuperación puede, y debería, realizarse mucho antes de que el huracán aparezca en las pantallas de radar. Un área importante a tener en cuenta para la recuperación son los sistemas eléctricos.
La energía eléctrica es un componente clave para restablecer la normalidad en muchas zonas que se recuperan de una fuerte tormenta. Sin embargo, antes de volver a poner en funcionamiento los sistemas eléctricos, debe verificarse que el restablecimiento de la energía puede hacerse con seguridad y no plantea riesgos adicionales. Un gran recurso para establecer un plan de análisis y realización de las reparaciones necesarias en los sistemas eléctricos durante la recuperación de la catástrofe es el Anexo K de la NFPA 70B, Norma de Mantenimiento de Equipos Eléctricos. Aunque el Anexo K no forma parte de los requisitos específicos de la NFPA 70B, es un recurso inestimable para quienes se recuperan de un suceso catastrófico. Enumera y detalla 11 fases secuenciales de sucesos que deberían abordarse antes de volver a poner en funcionamiento un sistema eléctrico tras un evento. Esas fases de eventos catastróficos se desglosan como:
- Evento inicial
- Asegurar las instalaciones para limitar los daños
- Movilización del personal de recuperación
- Desarrollo de un plan de seguridad
- Generación de energía temporal y de emergencia
- Evaluación inicial de daños
- Documentación
- Equipo
- Reenergización de la instalación
- Comisionamiento de la instalación
- Resumen del proyecto
La necesidad de recuperación puede deberse a catástrofes naturales o provocadas por el hombre. Un incendio, por ejemplo, es un incidente que puede producirse por la caída de un rayo (natural) o por un incendio provocado (provocado por el hombre). Los desastres naturales consisten en inundaciones, huracanes, tornados y terremotos. Independientemente de la causa del incidente, hay aspectos comunes en los tipos de daños que pueden sufrir las instalaciones. Es probable que se produzcan daños estructurales en todos los eventos, aunque pueden intensificarse durante un terremoto. Los daños por agua son frecuentes en inundaciones, huracanes y tornados. Pero los daños por agua también se producen regularmente en incendios en los que se utiliza una cantidad importante de agua para apagar el fuego. Como es bien sabido, el agua y la electricidad no se mezclan, por lo que hay que prestar especial atención a los equipos eléctricos que han estado expuestos al agua antes de intentar reenergizarlos.
Cuando el inicio de un acontecimiento como un huracán es inevitable, la preparación previa puede influir en el grado de recuperación necesario. Asegurar las instalaciones adecuadamente puede ayudar a compensar la cantidad de daños que se produzcan. Tapiar ventanas y puertas, así como colocar sacos de arena para intentar detener el agua, son medidas de preparación útiles y habituales. También deberían tenerse en cuenta medidas de preparación específicas para la electricidad, como desactivar los equipos y elevar o retirar por completo los equipos críticos.
El personal que ayude en la recuperación es una parte clave de la ecuación, y debe ponerse en marcha con suficiente antelación un plan para involucrar a los que sean necesarios para ayudar. Tanto el personal interno como el subcontratado deberían considerarse parte del plan de recuperación. Se puede contratar con antelación a las empresas que ofrecen sus servicios para la recuperación, a fin de garantizar que estén disponibles cuando surja la necesidad. También es importante tener en cuenta, especialmente cuando se trata de trabajos eléctricos, la necesidad de personas calificadas para realizar trabajos específicos. La determinación de la necesidad de una persona calificada se basa en la tarea concreta que se realice. Si una tarea concreta requiere una persona calificada, esa necesidad debe satisfacerse independientemente de que el trabajador sea suministrado por la propia empresa o por un contratista externo. Por tanto, es importante verificar que la empresa contratada cuenta con personas calificadas en plantilla.
Antes de que se produzca una posible catástrofe, debería existir un plan de seguridad específico para el lugar. El plan debería incluir los elementos típicos de seguridad eléctrica, como el bloqueo/etiquetado (LOTO), la prueba antes de tocar, la aplicación de puestas a tierra de seguridad y el equipo de protección personal (EPP) adecuado. Dado que una catástrofe puede introducir nuevos problemas de seguridad, también hay otras consideraciones de seguridad que deben abordarse e integrarse en el plan de seguridad, como la calidad del aire, los problemas estructurales de las instalaciones y cualquier posible vertido químico o de riesgo biológico. Es probable que surjan otros peligros únicos y específicos del lugar que el personal deba conocer, así como cualquier necesidad adicional de EPP que pueda surgir debido a esos peligros. Estos problemas de seguridad adicionales deberían abordarse en la medida de lo posible en el plan de seguridad con antelación, y los EPP necesarios deberían adquirirse y estar in situ antes de que se produzca cualquier posible catástrofe.
Dado que durante una catástrofe se suele producir la pérdida del suministro eléctrico normal, a menudo se utiliza energía temporal para restablecer los sistemas críticos y proporcionar la iluminación y la energía adecuadas para trabajar durante el proceso de recuperación. Aunque la energía sea temporal, debe gestionarse para reducir el riesgo de choque y peligros de relámpago de arco. Debería haber personal especializado responsable de la alimentación temporal, y todas las normas y procedimientos escritos para ese trabajo deberían desarrollarse con antelación. La retroalimentación del equipo es algo que debería pensarse a fondo y destacarse como parte del plan para gestionar la exposición de los trabajadores a los peligros de choque eléctrico y relámpago de arco durante el proceso de recuperación.
Los daños iniciales tras un suceso deben evaluarse mediante un recorrido por el lugar para determinar los daños en los equipos y sistemas. Todos los planos y documentación pertinentes deberían estar disponibles para ayudar en esta tarea. Esto también requerirá previsión para que los planos y documentos se almacenen en un lugar del lugar donde permanezcan intactos y accesibles después del evento o se lleven fuera del lugar para su conservación y uso seguros después de que se produzca el evento. Crear versiones electrónicas de estos documentos también es beneficioso para garantizar un acceso continuo, así como para poder compartirlos con múltiples partes implicadas en el proceso de restauración. A medida que se elabore una lista de las reparaciones necesarias durante el recorrido por el lugar, éstas deberían priorizarse en las cinco categorías y ejemplos de equipos siguientes:
- Categoría 1: equipos de media tensión, incluidos los transformadores de distribución
- Categoría 2: equipos de distribución de baja tensión
- Categoría 3: motores eléctricos
- Categoría 4: cableado de potencia y control
- Categoría 5: equipo eléctrico de equilibrio de la planta
Como parte del proceso de recuperación en caso de catástrofe, puede ser necesario retirar equipos o componentes eléctricos para reinstalarlos más adelante, si no sustituirlos por completo. Para gestionar adecuadamente el proceso, debería documentarse cada modificación que tenga lugar. Algunos de los pasos que deberían darse y detallarse son etiquetar el equipo, etiquetar el cableado, hacer fotos y/o esbozar diagramas, y crear un documento maestro del equipo eléctrico.
El plan de recuperación en caso de catástrofe debería ser estratégico en cuanto a qué equipos se vuelven a poner en funcionamiento primero. El recorrido inicial por el emplazamiento, combinado con las cinco categorías prioritarias enumeradas anteriormente, debería dirigir esta estrategia. Los equipos de media tensión suelen ser la columna vertebral del sistema de energía eléctrica de la instalación y deberían ser el objetivo principal de las actividades iniciales de recuperación. A continuación, deberían atenderse los equipos de baja tensión, los motores y el cableado de alimentación y control, en ese orden. Por último, debería volver a ponerse en servicio cualquier equipo eléctrico adicional específico de la planta que no se hubiera tenido en cuenta anteriormente.
La reenergización de toda una instalación con energía de la red pública tras una catástrofe debería planificarse con cautela y aplicarse metódicamente. Puede ser beneficioso, cuando sea posible, restablecer la energía eléctrica poco a poco en secciones más pequeñas del edificio para gestionar mejor el proceso mientras se comprueba que el equipo eléctrico funciona correctamente. Lo ideal sería restablecer el suministro eléctrico sólo después de haber reparado o sustituido todo el equipo afectado, para evitar la activación involuntaria del equipo. Como parte de la reenergización, debería validarse el rendimiento y funcionamiento adecuados del equipo eléctrico mediante un periodo de supervisión para verificar y documentar que se ha restablecido el funcionamiento adecuado.
Como paso final del proceso de recuperación de la catástrofe, debería recopilarse información en un informe resumido al que pueda accederse para futuras consultas. Esta información puede ser vital para revisar la recuperación en su conjunto y decidir qué tuvo éxito y qué debe mejorarse, como preparación para posibles eventos similares en el futuro. Algunos ejemplos de información útil que debería documentarse son:
- Estado de la infraestructura eléctrica
- Lista de equipos reparados o sustituidos
- Resultados de las pruebas realizadas a todos los equipos antes y después del servicio o las reparaciones
- Evaluación del estado de cada equipo
- Plan de sustitución de equipos a largo plazo
Sin duda, la Madre Naturaleza tiene una mente propia que no se puede controlar, y puede desatar su furia en cualquier momento. Sin embargo, lo que sí puede controlarse es la preparación para cuando llegue ese momento y disponer de un plan minucioso y estratégico para recuperarse de forma segura de las catástrofes, como los huracanes. El polímata estadounidense Benjamin Franklin bromeó una vez célebremente: “Fallar en prepararse, es prepararse para fallar". Al embarcarnos en la temporada de huracanes de 2023, el camino hacia una recuperación satisfactoria pasa por asegurarnos de que estamos preparados. NFPA dispone de recursos para ayudar a la recuperación tras las catástrofes naturales, incluida esta Lista de comprobación de equipos eléctricos en catástrofes naturales (en inglés), que utiliza la NFPA 70B para ayudar a determinar si los equipos deberían repararse o sustituirse, así como información adicional sobre la preparación para emergencias (sitio en inglés).

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